Nuestra entrada de hoy está dedicada a la exposición que Jean Cloutier realiza sobre la historia de la comunicación en su
Petit traité de communication, publicado en 2001. La obra de este autor franco-canadiense, no traducida al español, ha ejercido una gran influencia en los
educomunicadores hispanohablantes, esencialmente debido a la importancia otorgada a su modelo EMIREC (EMIsor/RECeptor) de comunicación.
Según este modelo, formulado en 1971, el logro de una comunicación verdaderamente democrática en la que la ciudadanía se viera representada pasaba porque todos los participantes en el proceso de comunicación tuvieran la posibilidad de ser emisores de mensajes (no únicamente a nivel del círculo social más cercano, sino también a gran escala). Intentando dar voz al sujeto para que interviniese en la construcción de la sociedad, se oponía a la inercia comunicativa impuesta por los medios de comunicación de masas, erigidos como herramientas de control social a través de la manipulación (sutil o descarada) de la opinión de la ciudadanía. Los paralelismos con el ideal alfabetizador del pedagogo brasileño
Paulo Freire, que pretendía que la lectura de la palabra fuera un medio para leer el mundo, para ejercer una praxis social crítica que permitiera cambiar mediante la acción humana las estructuras sociales injustas, nos resultan claros.
El modelo EMIREC y la conceptualización de la historia de la comunicación propuestos por Cloutier nos parecen importantes, puesto que explican en gran medida por qué la llegada de la
Web 2.0, como potente herramienta de difusión y colaboración, ha supuesto una revolución en nuestra manera de manipular la información, de construir nuestro conocimiento y de relacionarnos con los otros, al mismo tiempo que en el otro lado de la balanza ha multiplicado exponencialmente la producción de ruido informativo o infobasura. Esto, como es lógico, tiene relevantes implicaciones en el campo pedagógico. Creemos necesario destacar, además, que el modelo EMIREC fue ideado mucho antes de la expansión de Internet: en este sentido, Cloutier parece haberse adelantado a su tiempo.
La historia de la comunicación, tal y como es expuesta por Cloutier, podría resumirse en seis episodios sucesivos, que recogemos a continuación. Los efectos de estos episodios se adicionan, en el sentido de que la aparición de un nuevo tipo de comunicación ligado a un nuevo medio no implica la supresión de los tipos de comunicación anteriores.
Comunicación interpersonal
Realizada
a través del gesto o de la palabra, utiliza únicamente al ser humano
como medio de comunicación, sin apoyarse en ninguna otra herramienta. El
sujeto es, a la vez, emisor y receptor del mensaje. El mensaje puede
ser comunicado a distancia, pero precisa de un mensajero humano que se
desplace.
Comunicación "de élite"
El mensaje se codifica mediante un conjunto de signos que utilizan un
soporte diferente de la palabra o el gesto. La unidad del mensaje se
fragmenta, dando lugar a codificaciones auditivas, visuales o escritas.
Formas rudimentarias de estos sistemas semióticos son las señales de humo (como codificación visual) o
el sonido de los tam-tam indios (como codificación auditiva). La forma
más elaborada de este tipo de comunicación es la escritura, que es la
única que se conserva en el tiempo. Los manuscritos medievales serían un
buen ejemplo de esta última. En todos los casos, hay un único emisor
del mensaje (o, a lo sumo, unos pocos emisores) y uno o varios
receptores.
Comunicación de masas
Se
basa en el principio de la amplificación, según el cual unos pocos
difusores especializados transmiten una información única a múltiples
receptores pasivos. La imprenta, primera forma de amplificación
tecnológica, permitió la difusión del libro (medio escrito) y de la
prensa escrita (medio escritovisual). En el siglo XX, la radio y la
televisión se convirtieron en los medios de comunicación de masas por
excelencia. Con esta última, la unidad del mensaje se recuperaba, al
poder representar de manera simultánea componentes auditivos, visuales y
escritos.
Comunicación individual
El
individuo se apropia de las herramientas tecnológicas (fotografía,
reprografía, vídeo, informática personal...) y puede emitir él mismo (a
la vez que recibir) mensajes escritos, auditivos, visuales,
audiovisuales o escritovisuales. No tiene aún las posibilidades de difusión que proporcionará posteriormente Internet. Gracias a esta forma de comunicación, es posible por ejemplo
grabar un mensaje con nuestra voz en una cinta de cassette y enviarlo
por correo tradicional a un conocido que resida en otro país. Tiene un impacto muy limitado, pues el mensaje se
transmite uno a uno aunque no sea necesariamente escrito, sino también de tipo auditivo o audiovisual.
Comunicación comunitaria
Aporta
la interconexión a través de las redes personales, a través de los individuos a
los que tiene acceso el sujeto en su contexto físico (no virtual). Este
tipo de comunicación tiene un impacto mayor, aunque todavía limitado, pues el
mensaje sólo puede ser difundido en el círculo más próximo al emisor.
Comunicación universal
Gracias
a la digitalización de los diferentes lenguajes (escrito, auditivo y
visual) y la intervención de Internet, el individuo puede emitir
mensajes multimedia cuya audiencia potencial puede encontrarse en
cualquier lugar del mundo. Cada individuo concreto, con las herramientas
y los conocimientos adecuados, puede convertirse en el equivalente a un
medio de comunicación de masas.
Si leemos entre líneas, la historia de la comunicación posterior a la etapa original del ser humano (la de
la comunicación interpersonal), podría ser entendida como una jerarquización
del proceso de comunicación en beneficio de unos pocos, que se
convierten en emisores predominantes, frente a otros muchos que se convierten en receptores pasivos, para ser en último término reinstaurada en su intención original mediante el último episodio, de comunicación universal. Analizando el papel de la escuela desde este prisma, nos encontramos con una estructura similar a la de los medios de comunicación de masas, en la que un solo emisor (el profesor) distribuye un mensaje que es recibido pasivamente por múltiples receptores (los alumnos).
Este modelo educativo, derivado en su origen del sistema de producción ligado a la revolución industrial que precisaba de la formación de mano de obra especializada y que era similar a una cadena de montaje donde el producto eran los educandos, quizá fuera aún válida para un contexto social dominado por la televisión donde los alumnos estaban acostumbrados, incluso en casa, a ser meros receptores de información y a convertirse muy raramente en emisores. Sin embargo, en nuestra sociedad actual, donde una gran proporción de los ciudadanos de las sociedades avanzadas tienen acceso a Internet y se convierten en emisores de mensajes, en elaboradores de contenidos, en constructores de conocimiento, en colaboradores, en comunicadores, resulta evidentemente anacrónico. De hecho, podría estar dándose la paradoja de que los niños, adolescentes y jóvenes adultos de hoy estuvieran aprendiendo mucho más fuera de los contextos de la educación formal que dentro de las aulas, y que esos aprendizajes fueran más útiles para su comprensión del mundo y su integración laboral que los conocimientos académicos que adquieren.
Sería, pues, conveniente ahondar en la reflexión pedagógica que está teniendo lugar en la actualidad para alejar a la escuela del modelo de comunicación de masas que, además, es fuente de innumerables conflictos en el día a día de las aulas. Así, estaremos en el camino para convertir a esta institución en un espacio de comunicación colaborativo en el que se construya el conocimiento, aunque indudablemente se mantengan ciertas asimetrías derivadas de los distintos niveles de dominio que marcan la diferencia entre el rol de profesor y el de alumno. Las TIC pueden ser un poderoso aliado en este proceso.
Sin embargo, la apasionante época de cambios que vivimos tampoco está exenta de problemas: las consecuencias que el uso de las nuevas tecnologías están teniendo en
el ser humano (haciéndonos más inteligentes o destruyendo nuestra
cultura, según dictan enfoques profundamente enfrentados) siguen sin estar claras, pero ciertos estudios apuntan ya a que podrían no ser nada desdeñables. Desarrollaremos este aspecto en una entrada posterior.